|
Parte superior del icono
Encima de la cruz leemos un letrero: “IHS NAZARE REX IVDEORUM”. Jesús Nazareno rey de los judíos.
Sobre esta inscripción vemos la figura de Jesús resucitado que asciende al cielo. La figura nos muestra a Jesús en movimiento ascendente, cubierto de un largo manto que es el estandarte de la Resurrección. En la mano izquierda el Salvador tiene la cruz, signo de su victoria sobre la muerte. La mano derecha, en cambio, está levantada hacia Dios Padre. Alrededor de la cabeza, el artista ha pintado la aureola de la gloria. Si miramos con atención la escena, notamos como los ojos abiertos de Cristo, tan llenos de confianza y de paz, están dirigidos al Padre que, con su mano derecha bendiciendo, hace resurgir al hijo de la muerte y, al mismo tiempo, “bendice” toda la obra del Salvador del mundo. La mano extendida, con tres dedos abiertos y los otros cerrados, comúnmente se identifica con la presencia de Dios. Según la tradición bíblica este gesto puede significar también poder y fuerza. Algunos, en este gesto, ven también la acción del Espíritu Santo. De cualquier forma la cercanía de los dos semicírculos no nos permite observar claramente la división del espacio entre todo lo que pertenece a Dios y todo lo que le pertenece al Hijo de Dios. Pero no hay ninguna diferencia, porque el color rojo, símbolo de la divinidad, une las dos escenas. Todavía nos queda por resaltar que el círculo, símbolo de la perfección, está cortada por Cristo, quien atraviesa los confines del presente y accede a la eternidad en el gran amor del Padre. Toda la escena de la ascensión de Cristo está rodeada de ángeles y arcángeles. Sus rostros están radiantes de alegría porque Cristo ha vencido la muerte y ahora regresa a la casa del Padre. Las alas la cabeza y los brazos están en movimiento. También las manos las tienen abiertas como signo de saludo. Podemos afirmar que ésta es la escena más animada y alegre de todo el icono. Nos damos cuenta, además, que hay dos grupos de ángeles que están representados alrededor de las manos clavadas de Cristo y recae sobre ellos la sangre del Salvador. En sus rostros podemos observar conmoción piedad. De sus gestos y de sus miradas da la sensación de que están dialogando entre ellos y parecería como si estuvieran comentando, como si estuvieran presente en el mismo momento de la crucifixión, sobre este mismo acontecimiento. |
© Provincia Franciscana del Santo Evangelio de México
Última modificación: Marzo 1, 2008