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Rostro
del Cristo
Observamos que sobre la cabeza del Señor no está la corona
de espinas. En lugar de la corona de espinas lleva una corona de oro e
inscrita una cruz griega.
El rostro de Jesús esta cubierto por un delicadísimo velo,
casi una sombra alargando su mirada hacia la humanidad.
Los ojos, grandes y abiertos, confirman que Cristo muerto en la cruz está vivo
y que ya la muerte no tiene nunca más poder sobre él.
Si nos fijamos bien, podemos observar como aparece una ligera sonrisa sobre
sus labios. La cabeza, adornada de largos cabellos, y ligeramente inclinada
hacia la derecha. Estos detalles particulares subrayan y resaltan la humanidad
de Cristo que ha vencido a la muerte.
Algunos ven, en las arrugas de su frente, la imagen de una paloma (el Espíritu
Santo). Podemos notar además que este tipo de iconografía
pide pintar el cuello del personaje mucho más grueso para indicar
la importancia del mismo. El cuello es tan robusto para “sostener” la
fuerza del Espíritu que expira. En este icono de san Damián,
el cuello de Jesús es grande y fino siendo desproporcionado.
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